Los vecinos no se conocen, no saben nada el uno del otro, salvo encuentros casuales y efímeros provocados por el ritmo de la vida diaria . la posibilidad de albergarse en el anonimato, en esta especie de película protectora que hace de su auténtica identidad, de sus secretos que lo incriminan o redimen, o de igual forma, de sus verdaderas intenciones, como terrorista, turista, misionero o emigrante, un arcano para el otro. Transitamos de casa en casa por breves periodos de tiempo en los que intentamos establecer una relación con el lugar, como forma de fijar nuestra propia identidad. Más bien es una forma de suplantación. Como el protagonista es incapaz de crear un vínculo real tanto con los espacios como con las personas, el simulacro es la única manera que se le ocurre para reencontrarse consigo mismo.
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